Perspectivas de expertos e investigación
Lo que dice la investigación científica sobre las peticiones en línea
Quienes las critican suelen desestimar las peticiones en línea como slacktivismo ineficaz. Pero, ¿qué revela la investigación académica? Esta guía repasa décadas de literatura científica en ciencia política, sociología y psicología para explicar exactamente cómo, por qué y cuándo las peticiones en línea generan cambios en el mundo real.
Más allá del slacktivismo: la puerta de entrada a una mayor implicación
La crítica más habitual a las peticiones en línea es que son slacktivismo: acciones que requieren poco esfuerzo, hacen que la gente se sienta bien y no consiguen nada. Sin embargo, la ciencia política ha refutado en gran medida esta teoría de sustitución. En lugar de sustituir la acción fuera de línea, la participación digital suele actuar como puerta de entrada.
La investigación muestra que las acciones en línea suelen ser el primer paso, y el más fácil, en una escalera de implicación, movilizando a personas que de otro modo podrían permanecer inactivas.
Además, como señala la socióloga Zeynep Tufekci en su investigación sobre las protestas en red (2017), las herramientas digitales reducen drásticamente los costes de coordinación de los movimientos, permitiendo a la ciudadanía expresar su descontento sin las barreras tradicionales de la organización.
La lógica de la acción colectiva: hacer visible a la mayoría invisible
En su obra fundamental "The Logic of Collective Action", el economista Mancur Olson (1965) explicó que es difícil lograr que grandes grupos se organicen por una causa común porque el esfuerzo que requiere suele superar el beneficio individual. Una petición en línea resuelve este problema al facilitar que las personas muestren su apoyo.
Actualizando esta teoría para la era digital, Bimber, Flanagin y Stohl (2005) señalan que las redes digitales sin fronteras permiten que se produzca una acción colectiva masiva sin necesidad de organizaciones formales y costosas.
Una petición con miles de firmas actúa como una potente señal de información. Comunica a los políticos que un asunto tiene peso electoral y a las empresas que la reputación de su marca está en riesgo.
La fuerza de los vínculos débiles: cómo se difunde la información
La teoría de la "fuerza de los vínculos débiles" del sociólogo Mark Granovetter (1973) es fundamental para entender las peticiones virales. Mientras que nuestros amigos cercanos comparten la misma información que nosotros, nuestros conocidos actúan como puentes hacia redes sociales completamente nuevas.
Centola y Macy (2007) ampliaron después esta idea al mostrar que, aunque los vínculos fuertes son necesarios para convencer a la gente de que adopte acciones de alto riesgo, los vínculos débiles son perfectos para difundir información de bajo riesgo, como el enlace de una petición.
Una sola compartición en redes sociales puede dar a conocer una campaña a una red completamente nueva, permitiendo que se extienda mucho más allá del círculo inicial de quien la creó.
La psicología de una firma: identidad y prueba social
¿Por qué firma una persona? La investigación señala varios motivadores clave.
- Señalización de identidad: Firmar una petición es una forma de que una persona reafirme públicamente sus valores ante sus iguales.
- Prueba social: Como documentó el psicólogo Robert Cialdini (1984), las personas observan el comportamiento de los demás para decidir sus propias acciones. Cuando miles de personas ya han firmado, es probable que otras las sigan. Por eso, las primeras 100 firmas son las más difíciles de conseguir.
- El efecto de bienestar emocional: El economista James Andreoni (1990) acuñó este término para describir la recompensa emocional interna que obtiene la gente al hacer algo prosocial. Firmar una petición ofrece una forma rápida y sin fricciones de conseguir esa sensación.
El poder de la narrativa: cómo persuaden las historias
La investigación en neurociencia muestra que nuestro cerebro está programado para las historias. Según el investigador Paul J. Zak (2015), las historias convincentes centradas en personajes desencadenan la síntesis de oxitocina en el cerebro, una neuroquímica que aumenta la confianza, la empatía y la disposición a ayudar.
Esto explica por qué una petición centrada en una sola persona cercana o identificable tiene más probabilidades de reunir firmas que una que se basa únicamente en estadísticas y argumentos de política pública abstractos. Ponle un rostro a la causa.
El papel de los medios: cascadas de información
Una petición rara vez triunfa en el vacío. Los estudios académicos sobre los sistemas de peticiones electrónicas de los gobiernos han demostrado que la cobertura de los medios tradicionales es el principal catalizador de un crecimiento explosivo.
Los investigadores que analizaron la plataforma de peticiones del Parlamento del Reino Unido descubrieron que las peticiones experimentan una cascada de información: la cobertura mediática impulsa las firmas iniciales y, después, el aumento del número de firmas se convierte en una noticia en sí misma, lo que provoca más cobertura mediática.
Como detalla David Karpf (2012) en "The Analytic Activist", las campañas modernas utilizan precisamente las métricas tempranas de firmas para proponer historias a los periodistas, demostrando que ya existe una audiencia para el tema.
Cuándo funcionan mejor las peticiones: un análisis táctico
No todas las peticiones son igual de eficaces. En su análisis de los sistemas de peticiones electrónicas, Scott Wright (2015) señala que el éxito depende en gran medida de la especificidad del objetivo y de la rendición de cuentas del destinatario.
- Destinatarios locales y corporativos: Las peticiones son más eficaces cuando se dirigen a ayuntamientos, consejos escolares y empresas. Estas entidades son sensibles a la presión electoral local y a los cambios en la reputación pública.
- Objetivos concretos y alcanzables: Es mucho más probable que prospere una petición para instalar un paso de peatones en una calle concreta que una que exija poner fin a la pobreza mundial. El objetivo debe ser una acción concreta que una persona identificada con capacidad de decisión tenga autoridad para llevar a cabo.
Impacto secundario: fijación de la agenda
Incluso cuando una petición no logra su objetivo principal, a menudo triunfa de una forma más sutil: fijando la agenda pública. La clásica teoría de la fijación de la agenda de McCombs y Shaw (1972) sostiene que los medios no dicen a la gente qué pensar, sino sobre qué pensar.
Una petición visible introduce un asunto en la conversación pública. Obliga a quienes toman decisiones a defender públicamente su posición, desplaza el marco del debate político aceptable y convierte un tema antes ignorado en una preocupación pública central.
Impacto secundario: creación de capital social
Una petición transforma a un grupo disperso de personas preocupadas en una red organizada y localizable. El politólogo Robert Putnam (2000) advirtió sobre el declive del compromiso cívico en "Bowling Alone". Las plataformas digitales ayudan a reconstruir una nueva forma de conexión cívica.
La lista de personas que apoyan reunida a partir de una sola petición es un recurso muy valioso. Permite a quien organiza convertir una acción puntual en un movimiento sostenido, movilizando más adelante al mismo grupo para eventos, cartas a quienes toman decisiones o nuevas campañas.
Conclusión: el movimiento en red
Como observó el sociólogo Manuel Castells (2012) en "Networks of Outrage and Hope", los movimientos sociales modernos se construyen sobre la conexión digital rápida de preocupaciones compartidas. La literatura científica confirma que una petición en línea bien ejecutada es mucho más que slacktivismo.
Aunque no es una solución por sí sola, la petición en línea se ha convertido en una herramienta probada para medir la opinión pública, captar la atención de los medios, crear capital social y enviar una señal inequívoca a quienes tienen el poder.
Pon la ciencia en práctica
Usa estos principios comprobados para crear una campaña que dé resultados.
Empieza una petición ahoraReferencias académicas
- Andreoni, J. (1990). Impure Altruism and Donations to Public Goods: A Theory of Warm-Glow Giving. The Economic Journal, 100(401), 464–477.
- Bimber, B., Flanagin, A. J., & Stohl, C. (2005). Reconceptualizing Collective Action in the Contemporary Media Environment. Communication Theory, 15(4), 365–388.
- Castells, M. (2012). Networks of Outrage and Hope: Social Movements in the Internet Age. Polity Press.
- Centola, D., & Macy, M. (2007). Complex Contagions and the Weakness of Long Ties. American Journal of Sociology, 113(3), 702–734.
- Christensen, H. S. (2011). Political activities on the internet: Slacktivism or political participation by other means? First Monday, 16(2).
- Cialdini, R. B. (1984). Influence: The Psychology of Persuasion. HarperCollins.
- Granovetter, M. S. (1973). The Strength of Weak Ties. American Journal of Sociology, 78(6), 1360–1380.
- Hale, S. A., Margetts, H., & Yasseri, T. (2013). The Role of Information in Online Collective Action. Proceedings of the 22nd International Conference on World Wide Web.
- Karpf, D. (2012). The Analytic Activist: Digital Listening and the New Political Strategy. Oxford University Press.
- McCombs, M. E., & Shaw, D. L. (1972). The Agenda-Setting Function of Mass Media. Public Opinion Quarterly, 36(2), 176–187.
- Olson, M. (1965). The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups. Harvard University Press.
- Putnam, R. D. (2000). Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. Simon & Schuster.
- Tufekci, Z. (2017). Twitter and Tear Gas: The Power and Fragility of Networked Protest. Yale University Press.
- Wright, S. (2015). Success and failure in e-petitions: A case study of the Downing Street system. Journal of Information Technology and Politics, 12(1).